Con precisos trazos ha dibujado Enrique del Pino la figura de Ernesto, el protagonista de esta historia -que la asemeja a la del pajarillo americano, minúsculo de tamaño y grande en vitalidad-, quizás porque no encuentra el lugar y la hora adecuados para alimentar su espíritu; es, por esto, un ser en precario, sin sitio, sin arraigo, en permanente duda.
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